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  • Ricardo Partal, Panama

Un año aún “Virulento”, sacó a relucir un notable faltante de

Políticas Públicas y Planificación entre las naciones en desarrollo


Que las crisis hacen aflorar lo mejor de las personas, no hay ninguna duda… ahora, ¿Por qué no aflora lo mejor de nosotros, de manera constante; como si estuviéramos en crisis permanente?


Hasta hace poco, los países en vías de desarrollo no contaban con recursos financieros para enfrentar situaciones que ayuden a palear o mejorar sus situaciones, sociales y de infraestructura, por ejemplo.



Los países desarrollados que tienen los recursos los “manejaban” muy discrecionalmente y los organismos financieros internacionales prestaban a tasas, que excedían la realidad de los países que las demandaban, por lo general los más necesitados de divisas.


Ahora, también debemos tener muy en cuenta a estos últimos países; no tenían recursos ni financieros ni económicos; no saldaban por ello las deudas contraídas y requerían de endeudarse más ¡para sostener un “aparato” gigantesco creado por años! Llámese: estatal, institucional; y si quedaba algo el social y el de desarrollo después.


Por este aspecto considerado en la frase final del párrafo anterior, pasa mi intervención inicial, “el desarrollo”.


Después de varios años de un débil desempeño económico, con un bajo crecimiento promedio, América Latina y el Caribe se enfrenta ahora a un panorama bastante crítico con la crisis mundial generada por la pandemia de COVID-19 (Coronavirus). El banco Mundial está asistiendo a los países a reducir el impacto de la enfermedad y a enfrentar otros desafíos del desarrollo”.


El proyecto implementará soluciones, estándares, directrices, métricas, herramientas y metodologías de las Naciones Unidas para ayudar a los países en desarrollo a construir resiliencia en el transporte, el comercio y la logística a raíz de COVID-19. La iniciativa reúne a las cinco comisiones regionales de las Naciones Unidas para África (CEPA), Europa (CEPE), América Latina y el Caribe (CEPAL), Asia y el Pacífico (CESPAP) y Asia occidental (CESPAO) con la UNCTAD y los fondos administrados por Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas”.


“El Grupo del Banco Mundial está tomando medidas amplias y firmes para ayudar a los países en desarrollo a fortalecer su respuesta ante la pandemia, mejorar la vigilancia sanitaria y las intervenciones de salud pública y ayudar al sector privado a mantener sus operaciones y los puestos de trabajo. Proporcionó hasta 160 mil millones de dólares en apoyo financiero durante el primer año y medio, para ayudar a los países a proteger a los pobres y vulnerables, respaldar las empresas y afianzar la recuperación económica”.


Un Primer estudio integral del Banco Mundial sobre desafíos y oportunidades para reavivar el crecimiento de la productividad manifiesta que: “Los niveles de productividad en los mercados emergentes y las economías en desarrollo permanecen por debajo del 20% por ciento del promedio comparado con las economías avanzadas. Un posible lado positivo puede ser que los cambios en el comportamiento de la pandemia acelerarán la adopción de nuevas tecnologías, una mayor eficiencia entre las empresas y el ritmo de la innovación científica. Sin embargo, es vital garantizar que estos beneficios se distribuyan ampliamente y que las interrupciones del mercado laboral impulsadas por la tecnología estén bien gestionadas ". El informe, el primero de su tipo, se basa en un conjunto de datos completo que abarca 35 economías avanzadas y 129 economías de mercados emergentes y en desarrollo.


¡Qué importante estas iniciativas! ¡Qué alentador que aparezca lo mejor de las personas, insertas en instituciones! más aún en aquellas que poseen los recursos económicos para llevarlas adelante. ¡Mejor sería que éstas se plasmen en Políticas Públicas en cada una de las naciones! Que no quede todo en mera ayuda y colaboración o mejor dicho ¡en buenas intenciones!


Aparece un dinero que “supuestamente no había” y hasta era imposible de reunir. Miles y miles, ciento de miles de millones de la moneda en cada país, apareció y aún está “apareciendo” para paliar esta situación “virulenta”. Qué bueno sería que además de ello, ese dinero sea distribuido de manera planificada. Todas las instituciones reconocidas internacionalmente poseen datos de cómo se afectarán las economías regionales producto de esta crisis mundial; datos que también incluye lo social, la salud, y después el desarrollo; el desarrollo… pensado aquí en el productivo, ¿Se ahonda en la infraestructura? Porque si no estaremos ingresando en la disyuntiva que nos plantea, ¿Qué está primero, el huevo o la gallina?


La Infraestructura híper necesaria es la misma con la que lidiaron por ejemplo los controles de frontera. Si para prevenir la propagación del virus que se genera a través del transporte de mercancías no está debidamente resguardado, esta pandemia demostró ser muy difícil de controlar. Si el 80 por ciento del comercio mundial se traslada por transporte comercial; éste puede contribuir a la propagación del virus (de hecho, lo hace), ya que no está completamente informatizado. Los documentos como las mercancías continúan sujetos a controles físicos para aduanas y otros fines reglamentarios. El personal de las estructuras portuarias, los puntos de cruce de fronteras y las terminales de control están expuestos al riesgo de pandemia por la naturaleza de su trabajo.


Las agencias fronterizas enfrentaron el desafío de acelerar el despacho de importaciones y exportaciones, incluidas las donaciones y los envíos de socorro, al tiempo que garantizan la prevención de epidemias y proporcionan controles de cumplimiento adecuados. No obstante, las fronteras estuvieron cerradas o severamente restringidas para camiones, en algunos casos para trenes, transporte aéreo y transporte terrestre y marítimo.


Las medidas fronterizas como la salud o el control de permisos de los conductores crearon y crean kilómetros de colas y días de tiempo de espera. La acumulación de carga en los aeropuertos y puertos marítimos es consecuencia de una caída repentina de la demanda, una mayor verificación de documentos en la frontera u otras razones (CEPAL).


Un ejemplo de acción deseable es la necesidad de reorganizar el comercio internacional para tener en cuenta los problemas de salud que eran un problema incluso antes de la crisis de COVID-19. Entonces aquí ingresamos en otro aspecto y que como todo lo manifestado anteriormente tiene que ver con una disrupción logística producto de esta crisis epidemiológica.


Nuestra Organización Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas, como observador que es a nivel internacional, elaboró un programa denominado “Logística Preventiva”; que la hemos presentado en numerosas publicaciones y recientemente en el 7mo. Foro Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas, celebrado en la ciudad de Panamá; adicional a la Certificación de Logística Justa, una forma de ser justos con los procesos y las operaciones logísticas empresariales.

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